jueves, 23 de marzo de 2017

Ruta 174. Circular al Aznaitín desde el Puerto de Albanchez





Puerto de Albanchez - Barranco NO – Chozos y neveros - Aznaitín de Albanchez - Aznaitín – Camino del Aznaitín de Jimena - Paso y sendero - Pista Zarzadilla - Cerrillo del Tesoro - Puerto de Albanchez.




El Az-Naitín, (Natín en dialecto local) es una montaña situada en Sierra Mágina, en Jaén. El origen de la toponimia en árabe sería Isnatin o Asnatin, y se señala que puede venir de su antigua denominación en íbero como Neitin, que hace referencia al gran dios íbero Netón, dios del Trueno y el fuego, que según la leyenda habita en la montaña. Posee un especial atractivo visual, sobre todo vista desde la cara Este o desde el valle del Guadalquivir. Tiene una altitud considerable, 1745 m, que permite divisar gran parte de la provincia de Jaén.
En el Aznaitín, se mantienen algunos endemismos vegetales típicos de Sierra Mágina. En su cumbre se juntan los términos municipales de Jimena, Torres y Albanchez de Mágina, cuyas poblaciones se ubican a sus pies, como también lo hacen las cuevas prehistóricas, donde los antiguos pobladores dejaron su huella para la posteridad. No en vano el Aznaitín impregnó la pupila de Antonio Machado desde la lejana Baeza y lo incorporó a su poesía.
Gracias al modelado kárstico de galerías subterráneas, donde se han configurado las cuevas y los abrigos, el Natín es una zona espeleológica de importancia.

Son de gran reconocimiento por su arte rupestre y aún están en estudio todas las cuevas del entorno el sector del Monte Natín.

En la falda hacia Jimena, se encuentra la famosa Cueva de la Granja, en otra estribación se encuentra la cueva del Morrón, la cueva de los esqueletos, la cueva del Curro, y finalmente la cueva de la Arena.




Partimos del Puerto de Albanchez y seguimos la pista de tierra que llega a La Zarzadilla. Al este va quedando Albanchez de Mágina, La Vereda del Borbote y el arroyo de la Cañada (donde se ve un gran tornajo). En un pequeño pinar sale un sendero que remonta un barranco entre el Aznaitín de Albanchez y el Aznaitín. A simple vista parece complicado el ascenso, pero la vereda está bastante marcada y te lleva, primero por el margen izquierdo y luego  hasta el propio cauce seco del barranco. 
 






Encontramos en el ascenso dos construcciones que en su día fueron neveros o chozos, ¿quién va a construir un chozo en el cauce de un barranco?... seguimos por la empinada cuesta con un sol de justicia. Hay que remontar casi 500 mt de desnivel desde el puerto hasta la cumbre.




 
Pronto encontramos un descansillo que nos deja ver el vértice geodésico y las vistas impresionantes de la zona y horizonte.







Seguimos bordeando los cortados próximos a la cumbre del Aznaitín. La niebla nos ciega de golpe y sin darnos cuenta subimos a lo alto del roquedal del Aznaitín de Albanchez, vista al GPS y retomamos la dirección correcta para pronto llegar a una navilla que da  acceso al vértice del Aznaitín por un senderillo “amojonado” con hitos de piedras.




 A veces la niebla abre y vemos las serrezuelas de Bedmar, la cercana Albanchez y poco más.

  
En el vértice las rachas de viento, la niebla y un frío helador hacen que no paremos apenas nada. Descenso buscando el abrigo de las rocas y pronto comienza a despejarse el día.


De vuelta al collado o navilla comenzamos el descenso junto a una raspa afilada y que termina en un embudo.





Hay una valla cinegética en la ladera del Aznaitín de Jimena que marca el paso y pronto vemos el sendero que viene desde Jimena por la zona de Puente Trísla y Pilas. (otra subida desde los Caracoles de Jimena)



Por el sendero con traza marcada y de una singular belleza llegamos a una zona de pedrera, hay que andarse con ojo porque el sendero gira y baja pero las piedras lo tapan y la tendencia es seguir recto (nos pasó a nosotros y tuvimos que buscarlo más adelante), pronto salimos a la pista de tierra y al llegar a la altura del collado del Cerrillo del Tesoro (1391 mt) nos paramos para tomar una panorámica del Aznaitín ahora despejado de nubes.






Seguimos la pista hasta el Puerto de Albanchez. Para terminar una foto del incendio de hace 2 años y que ha dejado la mancha de pinos muy mermada.



 ------------------------------------------------------------------------------------------


El Natin ha ejercido siempre un atractivo magnetismo sobre las gentes de la comarca, por lo que son frecuentes las leyendas sobre la misma.

La montaña aún hace de oráculo a los pastores y viejos del lugar incluso para predecir el tiempo. Hay multitud de dichos populares:

«Cuando el Natín tiene montera, llueve quiera Dios o no quiera».

Los lugareños le guardan respecto, y dicen que el lugar es escenario de apariciones fantasmales de almas en pena.

Bajo la sombra del monte Aznaitín las leyendas proyectan su largo cortejo de malignos duendes "minguillos", enigmáticos centauros "juancaballos" (La prueba de que los juancaballos existían, aparte del relato de algunos hombres aterrados que sobrevivieron a su ataque, estaba, labrada en piedra, en la fachada de la iglesia del Salvador de Úbeda -Antonio Muñoz Molina – El jinete polaco), tesoros árabes por los laberínticos recovecos de "la cueva encantada", o siempre el brumoso recuerdo del Dios celtíbero Naitín que habita en sus entrañas.

Según las gentes Natín es "ese que manda el arco iris a recoger agua al río para preñar las nubes de lluvia...", y el mismo que "arrastrando por el cielo carretones cargados de piedras, produce las tormentas y los truenos...", por eso, "cuando hay tronada, conviene estar atento, porque donde cae una centella puede encontrarse la Piedra del Rayo, que libra por siempre del fuego del cielo..."

El misterio que más seduce en los pueblos del alrededor es el del tesoro del monte Aznaitín: Algunos aún dicen que en el cerro Aznaitín hay oro.

Hay dichos de los viejos: "Cerro Natín muy rico, mucho oro"; y otro que dice "Oh Natin, frente la cabeza del toro, está el tesoro".


Juancaballo
Otra tradición, no menos arraigada en la comarca es la del "Juancaballo". Dicen los más viejos, y no hay motivo para no creerlos, que en las cumbres del Aznaitín, y en otros cerros de Sierra Mágina, habitan de antiguo unas extrañas criaturas, los "juancaballos". Y que, como su nombre sugiere, se trata de seres mitad hombre y mitad caballo.
Son de ordinario esquivos, evitando encontrarse con los humanos, de modo que por el día se ocultan en las cuevas de la serranía, y por las noches salen para alimentarse. Tan solo cuando la necesidad los empuja, porque la sequía o las nevadas hacen escaso el alimento, bajan de las cumbres a saquear huertos y graneros. Entonces, si son descubiertos y acorralados, emplean toda su astucia, ferocidad y crueldad, para salirse con la suya. De modo, que pocos han sobrevivido para contar sus encuentros con estos seres. Incluso, se cuenta, que en casos de extrema penuria alimenticia, han llegado a comer carne humana, tras matar o mutilar a los campesinos que pillaban desprevenidos.
Tanta impresión causaban estos seres, que en el templo del Salvador, en la vecina Úbeda, labraron su figura en la fachada, luchando con un hombre... De nada valdrá, que expliquéis a los viejos que aquella figura representa a Hércules venciendo al centauro Neso, para ellos se trata de un "juancaballo" y de ahí no los baja nadie, porque esa figura es la prueba irrebatible de su existencia.
.
Salvajes

Por si fuera poco, en la mísma Úbeda, en la fachada de la casona llamada "de los salvajes", se encuentran las figuras de dos personajes con el cuerpo completamente cubierto de pelo, largas barbas y cabellos, que ciñen cinturones de vegetales trenzados. Quiere la tradición popular, que se trate de los "minguillos", esos pequeños duendes maléficos dotados de poderes sobrenaturales, habitantes de cortijos, caserías y desvanes, con los que es mejor no encontrarse por los caminos, sobre todo en las horas nocturnas...
En estas tierras arriscadas, la lucha por la vida y el secular aislamiento, la subordinación a los fenómenos naturales y el temor al incierto porvenir, ha propiciado que todo se revista con una aureola mágica, de modo que los sincretismos, religiosos y culturales, han sobrevivido con una fuerza que en otros lugares ya se ha desvanecido.