sábado, 22 de abril de 2017

Ruta 177. la Rajona-Cerro Postero-Cueva del Agua

Molinillo - Ctj- del Aire - Ctj. de la Herradura - Cañada del Mesto - Ctj. de los Tontos - Ctj. de la Rajona - Cenajo y Raja de la Rajona - Tranco de la Rajona - Cañada del Postero - Pino de la Artesilla - Picón del Grajo - Cerro del Postero - Calderón de la Vacía -  Cañada de la Peguera -  Caseta de la Cuerda de la Marcolla, de la Sabinilla o de los Pelaos - Tranco de la Cueva del Agua o de la Hiedra - Cueva del Agua o de la Hiedra - Ctj. y Nava del Raso del Peral - C.F. y Ctj. del Puntal de Ana María - Molinillo.


 19/04/2017   |   22 km   |  900 m.d.+.a


Esta ruta parte de la explanada habilitada para aparcamiento junto al cruce del sendero que sube al Guazalamanco. Siguiendo la pista llegamos al Cortijo y C.F. del Molinillo para continuar por la senda de la derecha que pasa junto a las ruinas del Cortijo del Aire. Un poco más adelante el sendero cruza un estrecho puente sobre el Guadalentín en la zona de la Cerrá de la Herradura y las ruinas del cortijo homónimo.





Se puede seguir la pista pero preferimos meternos en la Cañada del Mesto y transitar este espacio pese a estar con muchas piedras y terreno irregular,  y eso que la pista es más cómoda pero menos "sabrosa" a nuestro entender.


En la Cañada del Mesto y una vez superado el cruce con la Senda de Pescadores, seguimos hasta las ruinas del Cortijo de los Tontos, una extensa explanada y una montonera de piedras en la que destaca y sigue en pie el horno. Vistas privilegiadas las que se disfrutan desde esta atalaya, lugar con encanto único donde el amigo Valeriano pasó parte de su vida y así nos lo ha contado cuando hemos coincidido.





Remontamos hasta la pista por donde la alberquilla seca anuncia el decrépito abandono del lugar. 




Un poco más adelante parte la senda que nos acerca al Cortijo de la Rajona, más arriba, junto a las paredes verticales un cenajo y una formación con la característica "raja o rajona", lugar donde vivieron una familia de gitanos de escasos recursos.








Al salir de la Rajona comienza el tranco o sendero de subida hasta la Cuerda de la Marcolla, sinuoso recorrido que toma altura por las pocas zonas transitables de estas paredes. Increíble senda de zigzag, requiebros y escaleras magistralmente trabajadas en el escarpado terreno.











Arriba las vistas son más amplias, el trazado se antoja imposible y la Rajona queda a nuestros pies donde poco antes solo veíamos paredes de plomadas infranqueables.


Siguiendo las instrucciones de nuestro amigo "Cabañas" nos conduce a la pista que pronto dejamos para adentrarnos por el Barranco del Postero hasta el Pino de la Artesilla. Seguimos remontado el barranco por el cauce seco del arroyo hasta la cabecera de este donde magníficos ejemplares de salgareño nos dan la bienvenida. Hay dos o tres pradillos con majestuosos ejemplares, esbeltos, rectos y de porte fabuloso.





En estos pradillos nos dirigimos dirección sureste hasta el Picón del Grajo y de este por navillas y dolinas hasta el Cerro Postero. Este cerro que pasa desapercibido a los que nos acercamos a los Torcales del Lobo, esconde uno de los miradores más bonitos de esta zona. Sin ser el más alto y despreciado habitualmente, nos sorprende gratamente lo agradecida que es su ascensión. La Cabrilla, Almicerán, Tornajuelos, Buitre, La Bolera, los Trorcales del Lobo (por su cara menos conocida), la inmensa vista justifica desviarse exclusivamente hasta este mirado natural, de hecho nos quedamos sin ir a la repisa y la explanada de los maquis por disfrutar de esta cima tan desconocida.















Regresamos hasta el Barranco del Postero y remontamos hasta Calderón de la Vacía para seguir por la Cañada de la Peguera hasta las antenas y la vieja caseta de la Cuerda de la Marcolla, de La Sabinilla o de "los Pelaos" como nos contó el amigo P. Cuadros.









De aquí parte un sendero o tranco que bajas hasta el Raso del Peral pasando por la Cueva del Agua, nombres dados por P. Cuadros, gran conocedor del terreno ya que estuvo de vigilante de incendios en esta caseta en su juventud.









Este tranco es uno de los más bonitos que he acometido hasta ahora, será por la fecha, será por la luz, será por las ganas que tenía de hacerlo, el caso es que me impactó desde el instante que pasas los pinos seco y comienza el tortuoso descenso por trancos y basales hasta llegar a la Cueva del Agua, pequeña y con escasa agua en su nacimiento.




La bajada desde aquí es a través de senderos de animales, buscando la comodidad en el descenso por la ladera inclinada hasta el Raso del Peral. Una vez en el cortijo seguimos por la pista hasta el Cortijo del Puntal de Ana María y de este hasta la C.F. del Puntal de Ana María, su pozo, fuente, lavadero y alberca que por desgracias también se encuentran secos sin agua que les dé vistosidad.












Solamente nos queda seguir la pista de regreso hasta los coches, eso sí parándonos a contemplar otros pasos y curiosidades en el recorrido.